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Potencial anti-adictivo del CBD – The CBD Side


El tratamiento de drogodependencias con CBD es una de las prometedoras líneas de investigación que se encuentran actualmente en desarrollo. Aunque el volumen de investigación con humanos todavía es limitado, numerosos estudios realizados en animales, así como numerosas evidencias indirectas, apuntan a que el CBD podría tener un papel interesante en el tratamiento de adicciones a opiáceos, alcohol o a la nicotina. El interés en este compuesto se acentúa todavía más a la vista del pobre éxito de los tratamientos actuales, siendo patente la necesidad de explorar tratamientos alternativos.

 

Parte de la potencial eficacia del CBD en estos casos puede explicarse por el papel del sistema endocannabinoide (SEC) en las adicciones. Para desarrollar un patrón de conducta adictivo, se asume que tienen que darse determinadas adaptaciones neuronales que se producen tras un uso sostenido de una determinada sustancia. Estas adaptaciones se localizarían principalmente en el cuerpo estriado, una región cerebral relacionada con funciones motoras o de aprendizaje, entre otras.1 Precisamente los receptores CB1, que forman parte del SEC, se encuentran ampliamente distribuidos en las conexiones entre el cuerpo estriado y la corteza cerebral, lo que significa que actúan modulando la comunicación entre las neuronas de dichas regiones. De hecho, hay evidencia de peso que apunta a que los receptores CB1 son cruciales para la inducción de la plasticidad sináptica necesaria para efectuar las adaptaciones neuronales antes mencionadas y que estarían en la base de la conducta adictiva. Entre ellas, estaría el despliegue de efectos motivaciones y de recompensa relacionados con el uso de drogas o el hábito compulsivo de algunas de ellas. De este modo, podríamos decir que el SEC es en parte responsable de que en algunos casos se dé una transición desde un uso no problemático de drogas hacia un patrón de conducta problemático.

 

En este contexto, cabe mencionar que el CBD actúa como un antagonista del receptor CB1, inhibiendo de manera dosis-dependiente la señalización endocannabinoide. Además, es capaz de reducir la potencia de otros compuestos que se unen al receptor CB1, como por ejemplo el THC.2 Esto sugiere que el uso de CBD evitaría el refuerzo de los cambios producidos a nivel de los circuitos cortico-estriados y que mantendrían la conducta relacionada con el uso problemático de drogas. Pero además de esto, también se ha observado en estudios con animales que tras la administración continuada de CBD se logra la regulación de los niveles de dopamina en la vía mesolímbica, también altamente relacionada con patrones adictivos.3

 

Estos mecanismos estarían más bien relacionados con una posible prevención de trastornos adictivos, por ejemplo, para evitar recaídas cuando una persona lleva sin consumir mucho tiempo. No obstante, algunos efectos del CBD lo hacen idóneo para paliar los posibles efectos negativos sobre la salud que se estén dando mientras se está llevando a cabo un consumo activo. Este es el caso, sobre todo, del alcoholismo. El alcohol afecta a muchos sistemas del organismo, siendo una de las causas de múltiples enfermedades no solo relacionadas con el hígado o el sistema digestivo en general, sino también con algunos tipos de cáncer, anemia o alteraciones de tipo psiquiátrico. Una de las repercusiones más extendidas de un abuso de alcohol es la inflamación del hígado, la cual provoca la liberación de células inmunitarias (monocitos, macrófagos, etc.), las cuales terminan por producir la liberación de (las hoy famosas) citoquinas. Esta inflamación crónica afecta negativamente muchas funciones del organismo y termina por desregular el sistema inmunitario, que a la larga será menos capaz de mantener sus funciones de manera adecuada. Por otro lado, el consumo de alcohol también aumenta el estrés oxidativo del organismo, relacionado con la aparición de muchas enfermedades, incluidas las enfermedades neurodegenerativas. En este sentido, el CBD, gracias a sus efectos antiinflamatorios y antioxidantes, puede paliar parcialmente los efectos negativos sobre la salud que conlleva un consumo abusivo de alcohol. Además, gracias a su amplio perfil de seguridad, permitiría administrarlo cuando la persona todavía está consumiendo alcohol sin que por ello pudieran darse interacciones farmacológicas peligrosas. Esto sugiere que el tratamiento con CBD podría iniciarse en el mismo momento en el que la persona solicita un tratamiento para el alcoholismo. El uso de CBD cuando la persona ha decidido dejar de consumir alcohol también resultaría beneficioso, pues el síndrome de abstinencia del alcohol se caracteriza por un estado de agitación en el que hay incluso un mayor riesgo de sufrir convulsiones. Los conocidos efectos ansiolíticos y antiepilépticos del CBD también ayudarían a disminuir estos riesgos. En estos casos no se recomienda utilizar más de 10 mg/kg al día de CBD.

 

En el caso de la adicción a la nicotina, sin duda la más extendida a nivel global, hay algunos estudios con humanos que muestran una reducción en el consumo de cigarrillos tras el uso de CBD, aunque sin reducir el craving.4,5 Respecto a la adicción a los opiáceos, hay algunas evidencias preliminares de que el CBD podría ser muy eficaz para combatir la adicción a la heroína. El año 2019 se publicó un ensayo clínico aleatorizado y controlado con placebo informando de reducciones remarcables en el síndrome de abstinencia a los opiáceos tras la administración de 3 dosis diarias de CBD (concretamente, un grupo recibió placebo, otro grupo 400 mg, y otro grupo 800 mg de CBD al día durante tres días).6

 

Como sucede demasiado a menudo, y en especial los derivados del cannabis, todavía hay pocos estudios realizados en humanos que puedan justificar un uso más extendido del CBD en el caso de tratamientos de drogodependencias. Sin embargo, a la vista está que los datos de que disponemos son poco menos que alentadores respecto a que el CBD podría utilizarse en combinación con otros tratamientos, sobre todo de tipo psicoterapéutico, de forma segura y sin la aparición de efectos secundarios limitantes.

 

 

Genís Oña, MSc en Farmacología

 

 

 

 

  1. Gerdeman GL, Partridge JG, Lupica CR, Lovinger DM. It could be habit forming: drugs of abuse and striatal synaptic plasticity. Trends Neurosci. 2003;26:184-92.

 

  1. Straiker A, Dvorakova M, Zimmowitch A, Mackie K. Cannabidiol inhibits endocannabinoid signaling in autaptic hippocampal neurons. Mol Pharmacol. 2018;94:743-8.

 

  1. Murillo-Rodríguez E, Palomero-Rivero M, Millán-Aldaco D, Mechoulam R, Drucker-Colín R. Effects on sleep and dopamine levels of microdialysis perfusion of cannabidiol into the lateral hypothalamus of rats. Life Sci. 2011;88:504-11.

 

  1. Morgan CJA, Das RK, Joye A, Curran HV, Kamboj SK. Cannabidiol reduces cigarette consumption in tobacco smokers: preliminary findings. Addict Behav. 2013;38:2433-6.

 

  1. Hindocha C, Freeman TP, Grabski M, Stroud JB, Crudgington H, Davies AC, et al. Cannabidiol reverses attentional bias to cigarette cues in a human experimental model of tobacco withdrawal. Addiction. 2018;113:1696-705.

 

  1. Hurd YL, Spriggs S, Alishayev J, Winkel G, Gurgov K, Kudrich C, et al. Craving and anxiety in drug-abstinent individuals with heroin use disorder: A double-blind randomized placebo-controlled trial. Am J Psychiatry. 2019;176:911-22.

 

 

 

 

 



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